Ficciones dialogadas: dos mujeres en un tren
Publicado por Bárbara en 2:17 6 comentarios
Etiquetas: Diálogos, fantasías, la vida, verdades a medias
Respuestas trasnochadas
miércoles, 23 de enero de 2008
"Oye, y ¿Por qué escribes?"
Pregunta recurrente que a lo largo de mi vida me han planteado, tanto más, con la reciente inauguración de este lugar. Y, sin pensarlo mucho, advierto que nunca, nunca, he verbalizado una contestación sincera, sin parcialidades. Ya ves. Sí, en ocasiones una salida sarcástica, un chiste mal construido, o un socorrido ¿por qué no? Pero nunca nada solemne y meditado.
Escribo, porque lo necesito. Y con eso podría resumir toda la argumentación tediosa que me dispongo a dejar salir. Pero en realidad, mana mucho mas de ello.
Escribo porque, mientras lo hago, me siento bien. Porque desde que puedo recordar, esa es mi manera de reflexionar, es como me siento realmente en mi sitio. Porque encajar en palabras, las ideas que me pían al oído, es la única manera de cimentar mis pensamientos.
Escribo porque absolutamente nada tiene ningún sentido y sin embargo mientras escribo absolutamente todo parece tener un sentido absoluto. Escribo porque, sin hacerlo me falta la substancia, la materia, o ambas. Escribo para entender cosas que sé que no hay manera humana de entender, con la esperanza de que ese esfuerzo fracasado por entenderlas sea ya una forma de entenderlas.
Escribo, para poder pensar, que dijo algún día algún ilustre con nombre y apellidos, y yo suscribo con los míos. Escribo sin sentido, escribo a veces de forma automática, compulsiva e incomprensible.. Escribo porque desde que leí a García Márquez, todo lo que he escrito no ha sido más que un intento vulgar de plagiarle. Escribo porque la primera vez que escribí una historia total, mi madre me preguntó “¿ y no tienes más?” , y aún escribo por complacerle en ese apetito, aunque jamás lea esto, aunque jamás lo sepa.
Escribo para encontrar poesía en lo cotidiano, y sacar las prosas de mis fantasías. Para borrarle las dos letras al imposible. Escribo para cerrar heridas, y para ahondar en ellas.
Y lo cuelgo aquí, para que lo lean los míos, para que critiquen las parrafadas y desvaríos, para que disientan con mas o menos garbo. Para que me entiendan un poco más, para que me escuchen en lo escrito, y para que dejen de entenderme a ratos. Porque es cierto que, poderosamente, escribimos para que nos lean, que dijo alguien con un apellido con rima.
También escribo a veces, con la poética esperanza de que alguien peculiar llegue, sin saber como, hasta aquí. Gente sobre la que novelar, y trazar con un lápiz de carboncillo.
Para exégetas que viven de dar cuerda a los relojes. Expertos en amañar profecías. Corredores de apuestas que asesinan caballos para extraerles la esencia del galope y venderla en dosis miserables, a precio de turquesas, a su círculo de clientes y amistades. O los que fuman en una pipa torneada como un tulipán, recostados en almohadones esparcidos sobre un kilim, y beben té azucarado para que no les baje la tensión. O los que visitan la bitácora unos segundos, desde un ordenador ignoto, con taciturna fidelidad.
Pero yo rezo por embaucar a algún ingenuo. Alguien sin defensas ante las palabras, sin fintas aprendidas en los comentarios de texto, sin la sórdida astucia de haber acabado el Ulises, sin que espere con ansiedad de fin de semana el tiro de gracia en el lavabo de costumbre. Alguien que no me comprenda y, sin embargo, no se empeñe en acuchillar significados. Que deje hacer a las palabras. Son lentas, y se disuelven en la vida con la efervescencia de un sobre para el catarro.
Bendito sea ese lector que pensé que nunca tendría, conocido o desconocido. Para él escribo. Para el que no enarca las cejas, pero sí arruga la frente unos instantes, antes de abrir la mano y liberar la duda, la duda o lo que sea, pero con vida. Cazador de moscas con buen corazón. Para el que humedecería con saliva su pulgar antes de pasar la página si no estuviera ante un teclado. Para el que no se hace ilusiones. Y tampoco sospecha por sistema. Para el que, sencillamente, degusta, sin esforzarse en atar cabos sueltos o tender puentes entre mi confusión y su perplejidad; mis sermones y su risita condescendiente.
Escribo por todas estas cosas y por muchísimas más. En realidad, escribo por casi todo, porque cualquier excusa es buena para escribir.
Escribo porque sí, y también porque no.
A ver
martes, 22 de enero de 2008
Pues eso, que ya estoy en la blogocosa, el blogomundo, la blogoleches. Y va el miedo escénico y me dice que ha llegado. Que nada de escribir un primer post del tirón. Que me lo piense. Que si no sabía escribir algo mínimamente decente, mejor me hubiera quedado en el fotolog, colgando fotos y escribiendo cuatro palabritas intrascendentes, como pie de foto.
Asique me lo pienso y me lo repienso. Y me digo a mi misma que a ver si va a resultar una tremenda cagada prepotente creerme que puedo escribir un blog, yo. Que a ver si lo voy a tener dos meses, y me voy a aburrir. Que a ver si me he dejado seducir por una cibermoda, y por la actividad creativa desarrollada en esa época de exámenes que acabo de atravesar.
Y mientras, me apremio a mi misma, y me digo “ A ver Bárbara, que es solo un post, aunque sea el primero”. Y digo, pues, a ver, vamos a escribir. A ver, vamos a decir, para empezar a decir, que bienvenido todo aquél que caiga por aquí. Y lo releo y hablo (sola) en alto: “a ver hija, suelta otro tópico que ese es casi delito”. Que a ver porqué no he seguido el manual del buen blogero, y he dedicado unas palabras a detallar porqué he decidido volcar mis cuitas en el mundo virtual. Con lo sencillito que es acomodarse a las convenciones.
Y aquí estoy, como las bobas, haciédome cafelitos y pensando: a ver. Y después de pensar: a ver, pienso: a ver.
Y entre a ver y a ver, se me está acabando el tabaco. Y a ver quien puede escribir así; que esta es la única premisa que tengo clara para comenzar la construcción: no escribiré nada sin tabaco ni café. Porque para algo invertí 6 minutos en elegir un título para mi blogositio.
Asique, a ver, que me voy a ir retirando. Porque ya dijo Confucio que los vicios vienen como pasajeros, nos visitan como huéspedes y se quedan como amos. Y yo le digo que si, que mis amos me están mandando al estado REM sin contemplaciones.
A ver, que al final ya he cuadrado unas cuantas palabras para comenzar, con el primer pasito. Que me voy a conjeturar a mi cama vacía, a calentarme los pies, y a intentar adaptarme a los horarios socialmente aceptados.
Y sin releer nada, porque a ver si lo voy a borrar todo, que hasta para un primer post, esto es terrible.
Que.... a ver, a ver, a ver...
Publicado por Bárbara en 6:06 3 comentarios
Etiquetas: inicios, primer post, rayadas
